Santos Cristóbal Magallanes, presbítero, y compañeros, mártires

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Primera Lectura Ap 7:9-17

Después de esto miré, y había una gran muchedumbre que nadie podía contar, de entre todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, que estaban de pie ante el trono y ante el Cordero, vestidos de túnicas blancas, con palmas en sus manos; y clamaban a gran voz diciendo: “La salud es de nuestro Dios que está sentado en el trono, y del Cordero”. Y todos los ángeles que estaban de pie alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron sobre sus rostros ante el trono y adoraron a Dios, diciendo: “Amén, la alabanza, la gloria, la sabiduría, la gratitud, el honor, el poder y la fuerza a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén”. Y uno de los ancianos, tomando la palabra, me preguntó; “Estos que están vestidos de túnicas blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?” Y yo le dije: “Señor mío, tú lo sabes”. Y él me contestó: “Estos son los que vienen de la gran tribulación, y lavaron sus vestidos, y los blanquearon en la sangre del Cordero. Por eso están delante del trono de Dios, y le adoran día y noche en su templo; y el que está sentado en el trono fijará su morada con ellos. Ya no tendrán hambre ni sed; nunca más los herirá el sol ni ardor alguno; porque el Cordero, que está en medio, frente al trono, será su pastor, y los guiará a las fuentes de las aguas de la vida; y Dios les enjugará toda lágrima de sus ojos”.

Salmo Responsorial Sal 34:2-3, 4-5, 6-7, 8-9

Quiero bendecir a Yahvé en todo tiempo, tener siempre en mi boca su alabanza. En Yahvé se gloría mi alma; oigan los afligidos y alégrense.

Enalteced conmigo a Yahvé, y juntos ensalcemos su Nombre. Busqué a Yahvé y Él me escuchó, y me libró de todos mis temores.

Miradlo a Él para que estéis radiantes de gozo, y vuestros rostros no estén cubiertos de vergüenza. He aquí un miserable que clamó, y Yahvé lo oyó, lo salvó de todas sus angustias.

El ángel de Yahvé monta guardia en torno a los temerosos de Dios y los salva. Gustad y ved cuan bueno es Yahvé; dichoso el hombre que se refugia en Él.

Evangelio Jn 12:24-26

En verdad, en verdad, os digo: si el grano de trigo arrojado en tierra no muere, se queda solo; mas si muere, produce fruto abundante. Quien ama su alma, la pierde; y quien aborrece su alma en este mundo, la conservará para vida eterna. Si alguno me quiere servir, sígame, y allí donde Yo estaré, mi servidor estará también; si alguno me sirve, el Padre lo honrará”.