Primera Lectura 2Tim 1:13-14; 2:1-3
Conserva las palabras saludables en la misma forma que de mí las oíste con fe y amor en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por medio del Espíritu Santo que habita en nosotros.
Tú, pues, hijo mío, vigorízate en la gracia que se halla en Cristo Jesús. Y lo que me oíste en presencia de muchos testigos, eso mismo trasmítelo a hombres fieles, los cuales serán aptos para enseñarlo a otros. Sufre conmigo los trabajos como buen soldado de Cristo Jesús.
Salmo Responsorial Sal 19:8, 9, 10, 11
La Ley de Yahvé es perfecta, restaura el alma. El testimonio de Yahvé es fiel, hace sabio al hombre sencillo.
Los preceptos de Yahvé son rectos, alegran el corazón. La enseñanza de Yahvé es clara, ilumina los ojos.
El temor de Yahvé es santo, permanece para siempre. Los juicios de Yahvé son la verdad, todos son la justicia misma,
más codiciables que el oro, oro abundante y finísimo; más sabrosos que la miel que destila de los panales.
Evangelio Mt 25:14-30
“Es como un hombre, que al hacer un viaje a otro país, llamó a sus siervos, y les encomendó sus haberes. A uno dio cinco talentos, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego partió. En seguida, el que había recibido cinco talentos se fue a negociar con ellos, y ganó otros cinco. Igualmente el de los dos, ganó otros dos. Mas el que había recibido uno, se fue a hacer un hoyo en la tierra, y escondió allí el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo, volvió el señor de aquellos siervos, y ajustó cuentas con ellos. Presentándose el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco, y dijo: “Señor, cinco talentos me entregaste; mira, otros cinco gané”. Díjole su señor: “¡Bien! siervo bueno y fiel; en lo poco has sido fiel, te pondré al frente de lo mucho; entra en el gozo de tu señor”. A su turno, el de los dos talentos, se presentó y dijo: “Señor, dos talentos me entregaste; mira, otros dos gané”. Díjole su señor: “¡Bien! siervo bueno y fiel; en lo poco has sido fiel, te pondré al frente de lo mucho; entra en el gozo de tu señor”. Mas llegándose el que había recibido un talento, dijo: “Tengo conocido que eres un hombre duro, que quieres cosechar allí donde no sembraste, y recoger allí donde nada echaste. Por lo cual, en mi temor, me fui a esconder tu talento en tierra. Helo aquí; tienes lo que es tuyo”. Mas el señor le respondió y dijo: “Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho allí donde no sembré y recojo allí donde nada eché. Debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y a mi regreso yo lo habría recobrado con sus réditos. Quitadle, por tanto, el talento, y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo aquel que tiene, se le dará, y tendrá sobreabundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Y a ese siervo inútil, echadlo a las tinieblas de afuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.