Navidad del Niño Jesús

Novena de Navidad al Niño Jesús

Comienza el16 de DiciembreFiesta25 de Diciembre

Día 9

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

Himno (opcional)

(Traducción para recitar. El original inglés se canta con la melodía de Creator of the Starry Skies.)

Una voz vibrante resuena

y reprende las sombras oscuras de la tierra.

Los sueños pálidos desaparecen, las sombras huyen;

¡Cristo brilla ahora en lo alto con su poder!

El Cordero de Dios es enviado a la tierra

para pagar él mismo nuestra deuda.

Por este don, que toda voz

se alegre ante Dios con cantos y oraciones.

El bendito Autor de nuestro linaje

tomó forma humana para traernos la gracia,

para que no se perdieran los que había creado,

y con amor reparó nuestro pecado.

¡Miren! Colmado de gracia celestial,

se llena el corazón amoroso de una Madre.

El cuerpo de una Virgen lleva

¡el misterio de los siglos sin fin!

La Madre hace de su seno inmaculado

un templo donde el Niño pueda descansar.

Esta Virgen amó al Santo

y concibió al Hijo eterno.

A quien viene a liberar al mundo,

a Dios Hijo, sea toda la gloria;

al Padre, Creador de todos nosotros,

y al Espíritu Santo, a quien invocamos como Dios.

R. Destilen, cielos, el rocío de lo alto, y que las nubes lluevan al Justo.

V. Que se abra la tierra y brote el Salvador.

Profecías de Navidad

R. Nuestro Señor y Rey se acerca; ¡vengan, adorémoslo!

V. Nuestro Señor y Rey se acerca; ¡vengan, adorémoslo!

¡Alégrate, hija de Sion, y regocíjate, hija de Jerusalén! El Señor viene, y habrá una gran luz aquel día; los montes destilarán dulzura. Las colinas manarán leche y miel, pues aquel día vendrá el gran profeta y renovará Jerusalén (cf. Sof 3, 14-18).

Nuestro Señor y Rey…

El Dios hecho hombre, de la casa de David, vendrá a sentarse en el trono real; lo verás y tu corazón se alegrará (cf. Jr 23, 5-8).

Nuestro Señor y Rey…

Vendrá el Señor, nuestro protector, el Santo de Israel, con una corona en su frente real. Reinará de mar a mar y desde el río hasta los confines de la tierra (cf. Is 33, 22).

Nuestro Señor y Rey…

El Señor aparecerá y no engañará; si tarda, espera su venida. Vendrá ciertamente y no tardará (cf. Hab 2, 3).

Nuestro Señor y Rey…

El Señor descenderá como la lluvia sobre el vellón de Gedeón. Reinará la justicia y habrá abundancia de verdadera paz. Todos los reyes de la tierra lo adorarán y todas las naciones lo servirán (cf. Jue 6, 38; Sal 72, 3-4; Is 2, 3).

Nuestro Señor y Rey…

Nos nacerá un niño, que será llamado Dios todopoderoso; se sentará en el trono real de David, su padre, y ejercerá su dominio, con el signo de su poder sobre el hombro (cf. Is 9, 6-7).

Nuestro Señor y Rey…

Belén, ciudad del Dios Altísimo, de ti saldrá el Rey de Israel, cuyo origen es desde la eternidad, y será grandemente alabado en todo el universo. Habrá paz en nuestra tierra cuando él venga (cf. Miq 5, 2-5).

Nuestro Señor y Rey…

(Para recitar o cantar el último día de la novena.)

Mañana será destruida la maldad del mundo entero y reinará sobre nosotros el Salvador del mundo.

R. Nuestro Señor y Rey se acerca; ¡vengan, adorémoslo!

V. Cristo, nuestro Rey, está ya cerca; ¡vengan, adorémoslo!

Alégrense los cielos

(Cántico u oración cantada.)

Alégrense los cielos y regocíjese la tierra;

todos los montes, alaben al Señor.

Destilen, cielos, el rocío de lo alto,

y que las nubes lluevan al Justo.

Que se abra la tierra

y brote el Salvador.

Acuérdate de nosotros, Señor,

y visítanos con tu salvación.

Muéstranos tu misericordia, Señor,

y danos tu salvación.

Envía, Señor, al Cordero, soberano de la tierra,

desde la roca del desierto hasta el monte Sion.

Ven a liberarnos, Señor Dios de los ejércitos;

muéstranos tu rostro y seremos salvados.

Ven, Señor, y visítanos en paz,

para que nos alegremos ante ti con un corazón íntegro.

Que conozcamos en la tierra, Señor, tu camino,

y tu salvación entre todas las naciones.

Despliega, Señor, tu poder

y ven a salvarnos.

Ven, Señor, y no tardes;

perdona los pecados de tu pueblo.

¡Ojalá rasgaras los cielos y descendieras!

Los montes se derretirían ante tu presencia.

Ven y muéstranos tu rostro, Señor,

tú que estás sentado sobre los querubines.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Oremos. Cristo, el Cordero, que existía antes del tiempo, existió en el tiempo y existe por siempre, vendrá de nuevo a nosotros. Ha sido constituido sumo sacerdote para siempre. Es el verdadero Rey de justicia y su reino no tendrá fin.

R. Destilen, cielos, el rocío de lo alto, y que las nubes lluevan al Justo.

V. Que se abra la tierra y brote el Salvador.

24 de diciembre

Lectura bíblica: Lucas 1, 56.67-80

Consideración

Ven, Señor, pues el mundo entero espera con anhelo tu nacimiento. Este único momento feliz contiene todos los tiempos, pasados, presentes y futuros, y une el cielo y la tierra en una paz eterna por medio de un niño recién nacido. Nos inclinamos con adoración y alegría. En calma y paz miramos nuestro interior y presentamos al Niño nuestros pensamientos y sentimientos.

Señor, hoy tu bondad se desborda y un retoño brota de la raíz de Jesé. El brote de la salvación se abre en el seno de la Virgen en pleno invierno. La semilla confiada a la tierra brota en nuestro corazón frío y helado y lo calienta con la presencia de Dios hecho hombre.

Antífona

Emmanuel, nuestro soberano y legislador, esperado de las naciones y Redentor de todos: ven ahora a salvarnos, Señor y Maestro nuestro.

Magnificat

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán

y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Intercesiones

Padre del Verbo hecho carne, danos alegría y paz.

R. Ayúdanos a vivir unidos, con respeto y amor mutuos.

Esperamos la venida de tu Hijo.

R. Porque eres fiel a tus promesas de salvación y vida eterna.

Que nos preparemos para el nacimiento de tu Hijo.

R. Meditando tu Palabra.

Que por el Verbo hecho carne aprendamos a amarnos unos a otros.

R. Para que Cristo nos encuentre a todos esperándolo en oración gozosa cuando venga por segunda vez.

Adonái, Dios de amor y misericordia, ayúdanos a seguir el ejemplo de María.

R. Ella creyó al ángel, se apresuró a ayudar a Isabel y acogió a tu Hijo en un establo frío y pobre, dándole calor solo con su inmenso amor.

Oración final

(Se reza después de las intercesiones de cada día de la novena.)

Cristo va delante de nosotros. Es el Cordero sin pecado que nos abrirá las puertas del cielo. Es sumo sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec. Es el Rey de justicia y su reino es eterno.

Y ahora presentamos al Rey recién nacido la gracia particular que pedimos esta Navidad.

Oremos. Ven a vivir entre nosotros, Señor, para que recibamos siempre tu perdón y misericordia. Jesús, nuestro Rey, revestido de nuestra carne, danos amor, sabiduría y entendimiento al nacer. Revélanos el misterio de tu vida y luego envíanos a anunciar tu Palabra por toda la tierra.

Tú, que vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.

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