San Gabriel es uno de los tres arcángeles nombrados en la Sagrada Escritura. Dios le confió mensajes en momentos decisivos de la historia de la salvación, sobre todo el anuncio a la Santísima Virgen María de que sería la Madre del Hijo de Dios. Como católicos, rezamos la novena a San Gabriel para pedir ayuda a fin de escuchar la palabra de Dios, responder con fe y comunicar la verdad con claridad y caridad.
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La Iglesia enseña que los ángeles son criaturas personales, inmortales y espirituales que sirven a Dios y a su designio de salvación. San Gabriel aparece por su nombre en el libro de Daniel, donde explica visiones relacionadas con acontecimientos futuros. En el Evangelio de san Lucas, está en la presencia de Dios y es enviado primero al sacerdote Zacarías para anunciar el nacimiento de san Juan Bautista. Seis meses después, Dios lo envía a Nazaret. Allí san Gabriel saluda a María como llena de gracia y anuncia que, por obra del Espíritu Santo, concebirá a Jesús, el Hijo del Altísimo. Su mensaje lo sitúa en el umbral de la Encarnación, y el fiat fiel de María acoge la palabra que él trae de parte de Dios.
El nombre de san Gabriel suele entenderse como "Dios es mi fuerza" o "fuerza de Dios". El arte cristiano lo representa a menudo con un lirio, signo de la pureza de María, o con un pergamino que contiene las palabras de la Anunciación. Como su servicio está estrechamente ligado a la comunicación del mensaje divino, el papa Pío XII lo nombró patrono de las telecomunicaciones en 1951. También es invocado por mensajeros, comunicadores, trabajadores postales, diplomáticos y otras personas cuyo trabajo lleva palabras a través de las distancias. La Iglesia celebra a san Gabriel junto con san Miguel y san Rafael el 29 de septiembre. La novena se reza del 20 al 28 de septiembre como preparación para esa fiesta. La devoción a san Gabriel debe conducir siempre a los fieles hacia el misterio que anunció: el Hijo eterno de Dios se hizo hombre para nuestra salvación.
