San Miguel es el arcángel presentado en la Sagrada Escritura como defensor del pueblo de Dios y jefe del ejército celestial en la batalla contra el dragón. Su nombre pregunta: "¿Quién como Dios?", y proclama que ninguna criatura puede compararse con el Señor. Como católicos, rezamos la novena a San Miguel para pedir protección en el combate espiritual, valor ante la tentación, defensa para la Iglesia y fidelidad a Cristo.
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La Iglesia enseña que los ángeles son criaturas personales, inmortales y espirituales creadas por Dios. Lo adoran y sirven a su designio de salvación para el mundo. En el libro de Daniel, san Miguel es llamado uno de los principales príncipes y el gran príncipe que protege al pueblo de Dios. La carta de san Judas lo identifica como el arcángel que disputó con el diablo, mientras que el Apocalipsis presenta a san Miguel y sus ángeles combatiendo contra el dragón y arrojándolo del cielo. Estos pasajes sostienen la devoción de la Iglesia a san Miguel como defensor contra los poderes del mal. Su victoria nunca es independiente de Dios, sino que procede enteramente de la autoridad y del triunfo de Cristo.
La devoción a san Miguel es antigua tanto en la Iglesia de Oriente como en la de Occidente. Los santuarios dedicados a él, entre ellos el del monte Gargano en Italia, se convirtieron en lugares de peregrinación y oración. Se lo representa habitualmente con armadura y una espada o lanza, de pie sobre el dragón vencido. El papa León XIII compuso la conocida Oración a san Miguel para pedir la defensa de la Iglesia, y san Juan Pablo II animó a los fieles a no olvidarla. La Iglesia celebra a san Miguel junto con san Gabriel y san Rafael el 29 de septiembre. La novena se reza del 20 al 28 de septiembre como preparación para esa fiesta. Pedir la intercesión de san Miguel es un acto de confianza en Dios, cuya gracia protege a su pueblo y le da fuerza para rechazar el pecado.
