Oración completa
Ven, ven, Emmanuel,
y rescata al cautivo Israel,
que gime en solitario destierro
hasta que aparezca el Hijo de Dios.
℟. ¡Alégrate! ¡Alégrate, oh Israel,
a ti vendrá Emmanuel!
Ven, Sabiduría de lo alto,
ordena todas las cosas cercanas y lejanas;
muéstranos el camino del conocimiento
y enséñanos a andar por sus senderos. ℟.
Ven, ven, Señor poderoso,
que en la altura del Sinaí a tus tribus
diste antiguamente la ley,
en nube, majestad y temor. ℟.
Ven, retoño del tronco de Jesé,
libra de todo enemigo
a quienes confían en tu poder para salvar,
y dales victoria sobre el sepulcro. ℟.
Ven, Llave de David,
abre de par en par nuestra morada celestial;
haz seguro el camino que conduce a lo alto,
para que no tengamos ya motivo de suspirar. ℟.
Ven, Oriente de lo alto,
alégranos con tu cercanía;
disipa las nubes sombrías de la noche
y la oscura sombra de la muerte. ℟.
Ven, Deseado de las naciones, une
en uno los corazones de toda la humanidad;
haz cesar toda discordia y contienda
y llena el mundo con la paz del cielo. ℟.
Ven, ven, Emmanuel,
y rescata al cautivo Israel,
que gime en solitario destierro
hasta que aparezca el Hijo de Dios.
VENI veni, Emmanuel
captivum solve Israel,
qui gemit in exsilio,
privatus Dei Filio.
℟. ¡Alégrate! ¡Alégrate, oh Israel,
a ti vendrá Emmanuel!
℟. Gaude! Gaude! Emmanuel,
nascetur pro te Israel!
Ven, Sabiduría de lo alto,
ordena todas las cosas cercanas y lejanas;
muéstranos el camino del conocimiento
y enséñanos a andar por sus senderos. ℟.
Veni, O Sapientia,
quae hic disponis omnia,
veni, viam prudentiae
ut doceas et gloriae. ℟.
Ven, ven, Señor poderoso,
que en la altura del Sinaí a tus tribus
diste antiguamente la ley,
en nube, majestad y temor. ℟.
Veni, veni, Adonai,
qui populo in Sinai
legem dedisti vertice
in maiestate gloriae. ℟.
Ven, retoño del tronco de Jesé,
libra de todo enemigo
a quienes confían en tu poder para salvar,
y dales victoria sobre el sepulcro. ℟.
Veni, O Iesse virgula,
ex hostis tuos ungula,
de specu tuos tartari
educ et antro barathri. ℟.
Ven, Llave de David,
abre de par en par nuestra morada celestial;
haz seguro el camino que conduce a lo alto,
para que no tengamos ya motivo de suspirar. ℟.
Veni, Clavis Davidica,
regna reclude caelica,
fac iter tutum superum,
et claude vias inferum. ℟.
Ven, Oriente de lo alto,
alégranos con tu cercanía;
disipa las nubes sombrías de la noche
y la oscura sombra de la muerte. ℟.
Veni, veni O Oriens,
solare nos adveniens,
noctis depelle nebulas,
dirasque mortis tenebras. ℟.
Ven, Deseado de las naciones, une
en uno los corazones de toda la humanidad;
haz cesar toda discordia y contienda
y llena el mundo con la paz del cielo. ℟.
Veni, veni, Rex Gentium,
veni, Redemptor omnium,
ut salvas tuos famulos
peccati sibi conscios. ℟.