Día 1: “En el principio era el Verbo”
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Amén.
Oración inicial
Glorioso san Juan Evangelista, discípulo a quien Jesús amaba y guardián de Nuestra Señora, me presento ante ti en esta novena con confianza. Tú, que conociste a Jesús con una intimidad singular y transmitiste al mundo la revelación más profunda de su amor, intercede por mí ante el Señor. Que yo también descubra que soy “el discípulo a quien Jesús ama”. Amén.
Meditación
El Evangelio de Juan comienza donde no comienza ningún otro: en el principio, antes de la creación, antes del tiempo. “En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios”. Este comienzo es más que una teología sublime: es la perspectiva de alguien que pasó tanto tiempo en compañía de Jesús que aprendió a verlo con los ojos de Dios. Juan no comienza por la genealogía ni por la historia: comienza por la identidad eterna. Es el evangelista de la profundidad.
Oración del día
San Juan Evangelista, que nos revelaste la eternidad de Cristo, intercede para que aprenda a ver a Jesús no solo como una figura histórica, sino como el Verbo eterno de Dios. Que mi fe vaya más allá de los hechos y llegue a la contemplación del Misterio. Que “En el principio era el Verbo” resuene en mi corazón como fundamento inquebrantable de todo lo que creo. Amén.
Padre Nuestro × 1
Ave María × 1
Gloria al Padre × 1
Oración final
Glorioso san Juan Evangelista, discípulo amado de Jesús y guardián de Nuestra Señora, recibe las oraciones de esta novena. Intercede por mí ante el Señor y alcánzame las gracias que necesito. Que la revelación que proclamaste, “Dios es amor”, se convierta en la certeza que sostiene mi vida. Que yo viva como “el discípulo a quien Jesús ama”. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
