Día 4: En el Calvario con María
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Amén.
Oración inicial
Glorioso san Juan Evangelista, discípulo a quien Jesús amaba y guardián de Nuestra Señora, me presento ante ti en esta novena con confianza. Tú, que conociste a Jesús con una intimidad singular y transmitiste al mundo la revelación más profunda de su amor, intercede por mí ante el Señor. Que yo también descubra que soy “el discípulo a quien Jesús ama”. Amén.
Meditación
Según la tradición cristiana, Juan es el discípulo que permaneció en el Calvario, de pie junto a la Cruz, al lado de María y de las otras mujeres. Fue a él a quien Jesús confió a su Madre: “Ahí tienes a tu madre”. Y “desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa” (Juan 19,27). La fidelidad de Juan en el Calvario no era un heroísmo espectacular: era un amor que permaneció cuando el miedo impulsaba a huir. Esta fidelidad discreta fue recompensada con la misión más preciosa: cuidar de María.
Oración del día
San Juan, que permaneciste junto a la Cruz en el Calvario, intercede para que yo también aprenda una fidelidad que no huye de las situaciones difíciles. Que no abandone a Jesús cuando seguirlo me cueste algo. Así como tú recibiste a María como madre, que yo también la reciba como mi Madre y me ponga bajo su protección. Amén.
Padre Nuestro × 1
Ave María × 1
Gloria al Padre × 1
Oración final
Glorioso san Juan Evangelista, discípulo amado de Jesús y guardián de Nuestra Señora, recibe las oraciones de esta novena. Intercede por mí ante el Señor y alcánzame las gracias que necesito. Que la revelación que proclamaste, “Dios es amor”, se convierta en la certeza que sostiene mi vida. Que yo viva como “el discípulo a quien Jesús ama”. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
